martes, 27 de mayo de 2008

SOLO TE QUIERO COMO AMIGO

La historia que narra Sólo te quiero como amigo es muy neurótica y está escrita como un pensamiento acelerado. Mi método de trabajo para esta novela fue muy diferente del de las anteriores, que eran más “programáticas”. Para escribir Miss Tacuarembó y Aún soltera me hacía esquemas, diagramas. Yo nunca confié mucho en la inspiración y el talento, más bien sobrevaloraba el trabajo y la estrategia. Para Sólo te quiero... decidí jugarme por cierta espontaneidad y por una escritura de corrido; una derivación contínua de ideas y situaciones. Siempre digo que nada de lo que produzco es autobiográfico, y puede que esto sea cierto en el sentido más literal del concepto, pero lo cierto es que todo lo que hago habla siempre de mí. En este caso, ahora lo veo, todos los personajes soy yo; es como si estuviera dialogando conmigo mismo. La neurosis del personaje principal y toda su historia-histeria tienen mucho que ver con mis momentos más psicóticos, están potenciados. También usé mucho a mis amigos. Inessa es básicamente una caricatura de una de mis mejores amigas, que es maquilladora. El personaje de Juancito surgió de un chico del fotolog que es Dj y es bastante amigo mío. Gonzalo también está inspirado en un amigo biólogo, pero le puse mucho más libido que la que yo puedo percibir. También aparece Gaby Bex, que es una especie de hada o sacerdotisa. Vilmack tiene tics de las madres de muchos amigos, porque yo suelo llevarme mejor con las madres de mis amigos que con ellos. La novela habla un poco de eso, ¿no?, de las familias que uno va formando cuando se escapa de la suya propia. Aunque el “método” fue diferente, varias obsesiones de mis novelas anteriores se repiten: la inseguridad emocional y esa visión tan adolescente y “Cris Morena” del mundo, donde todo se reduce a la vida afectiva; lo cotidiano vivido como un dramón sofocante y la búsqueda de la tranquilidad en lugar de la felicidad. También reaparecen los personajes muy inmaduros y caprichosos. Una vez más, los momentos decisivos ocurren en la discoteca, en un baile; en el caos musical, en medio del levante y la euforia se encuentran claves y se resuelven conflictos. Extrañamente, para mí esto es la literatura, algo que no sé en qué momento deja de ser exactamente yo, algo que se va a medida que la escritura avanza. Cuando la novela está terminada, ya es demasiado tarde, ya es un ex: “Es muy fácil darte cuenta cuándo tu novio te va a dejar. Es como en el resto de los acontecimientos de la vida. Nada cae del cielo de repente, de improviso, pataplúm. Abrís el botiquín y ya no está el desodorante. Lleva su tiempo, su vuelo, su aterrizaje, su germinación y putrefacción. Pum, pum, pum, pataplúm. No es un golpe seco que sale quién sabe de dónde. Nada que ver. Es un pausado abrir y cerrar de ojos, un pestañeo en cámara lenta, una película. Con un poco más de atención y estado de alerta constante, focalizando, veríamos que esas sorpresas también siguen la lógica de la causa y el efecto, la semillita y el arbolito, el huevo y el tordo. Es un proceso lento, acelerado, hasta que llega un momento en el que tu pareja se harta de vos y te deja”.



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1 comentario:

Pari dijo...

que bruta novela. Evidente que es muy gay, y que todas las loquitas que leemos eso piramos, pero hace muy bien. Con una amiga llegamos a la conclusión que es la mejor novela que uno puede leer despues de una separación. Es como que uno hace el duelo con el personaje y al menos es como una especie de exorsismo temporal muy alivianador. Una especie de esos productos rojos con gusto a frutilla que te duerme un cacho las muelas cuando te duelen a las 3 de la mañana y tenes que esperar un rato para que te vea el odontologo